Porque dijiste sí

Te quiero mucho, mamá.

Porque me diste la vida, cuando muchos la quitan.

Porque ante la adversidad, decidiste tenerme.

Porque, aunque sola, saliste adelante.

Porque no importó que no me desearas.

 

Te quiero porque me diste lo que le niegan a otros,

El simple derecho a vivir.

Te quiero porque me diste una opción

En lugar de una salida fácil, verme morir.

 

Fuiste de las valientes que dijo sí a la vida.

De aquellas mujeres que enfrentan todo.

No importa lo que les digan.

Nosotros, sus hijos somos preciados.

 

Madre, no lo fuiste desde que nací.

Lo fuiste desde que me formé en ti.

Me cuidaste desde antes de nacer.

Por eso siempre te agradeceré.

Anuncios

Recordar

Recordar una palabra perdida en el tiempo.

Con ella viene la imagen de un ser predilecto.

El recuerdo de tus ojos, tu sonrisa

Y tu melodiosa voz que pronuncia entre sueños mi nombre,

Como pensándome perdida y sabiéndome junto a ti y locamente enamorada.

Contradictorio y dual,

Así eres en realidad.

Aunque conmigo ya no estés y deba extrañarte por el resto de mi vida.

 

El recuerdo de tus ojos, tu sonrisa y tu melodiosa voz....

El recuerdo de tus ojos, tu sonrisa y tu melodiosa voz….

 

Imagen tomada de: http://ialwayswillbetoyourside.wordpress.com/

¿Me quisiste en algún momento?

¿Me quisiste en algún momento?

Para tí todo era un juego.

Siempre dijiste que no irías en serio.

Por eso, para mí, seguirte era un tormento.

 

Me cansé de estar atrás de ti

Como si fuese tu groupie o tu sombra.

Me considero muy valiosa.

Por eso, ahora, me alejo. He de partir.

Esta ciudad es grande, pero pequeña para nosotros.

Ya está harta de mis lágrimas y tus insultos.

Mis letras no te sirven, pues no sientes.

Ahora las canto yo, aunque a tu disquera le duele.

Sólo quieren las letras, no a mí.

No me venderé por unos cuantos dólares.

Ni por algo que envilece mi alma.

Me voy a donde soy querida,

Mi bolsillo y mi corazón en paz.

 

A ver qué haces sin mis letras.

Tu carrera en un pozo queda.

Ya no tienes seguidoras “fieles”,

Sólo un penthouse frío como un OR.

¡Qué pena que no haya trasplante de sentimientos!

Igual, no creo que te sirva.

Sólo trabajas de mensajero

Mientras que yo gano Grammys y Billboards.

Hasta un Golden Globe. ¡Soy superstar!

Y en esta dura empresa he hallado el amor.

 

Ahora te vuelvo a preguntar:

¿Me quisiste en algún momento?

Quizá no, pero ya no me importa.

Ni siquiera hoy, ¡coincidencia!

Es nuestro funeral.

En mi almuerzo de hoy vi tus iniciales.

En verdad persistes entre mis neuronas.

¿Tan loca me dejaste?

No sabes cuánto te extraño.

 

Es difícil dejar de pensarte.

Aunque duele, no puedo evitarlo.

 

En medio del frío de la noche me pongo aquel abrigo que dejaste con tu perfume.

Incluso en este clima siento calor.

Si no lo hubieses dejado, yo hubiera sucumbido ante la helada que reina en mi corazón

Desde esa noche de invierno en que te marchaste y me dejaste a mi suerte.

Ni la distancia

Ni la distancia me separa de ti.
El tiempo me llama, y mi corazón late a mil.
No es por lo que ha de venir
Sino por lo que dejo al partir.

Buena poetisa no soy, como verás.
Pero lo que escribo en mi mente está
Junto con el recuerdo del beso fugaz
Que aquella tarde me quisiste robar.

Hubiese querido que fuera largo
Incluso que no te hubieras demorado
En confesar lo que yo sabía,
Que tu corazón por mí latía.

Pero, te lo guardaste, hasta ese día
En que actuaste casi sin pensar.
Por eso quería quedarme, mas no puedo
Y por eso me despido con este largo beso
Que sólo en mi imaginación te puedo dar.

Te necesitaba

Te necesitaba, y no te tenía a mi lado. Fui una tonta por alejarme de ti.

Te deseché, como si me estorbaras.

Pero no es así. Yo soy la escoria. Mis actos me aíslan, me llevan lejos de tu lado.

 

Te necesitaba, pero no podía alcanzarte.

 

Y tú me buscas. Es notable tu amor por esta mujer que no te merece.

 

Te necesitaba, en medio de aquella oscura noche.

Te quería llamar, pero un teléfono no serviría.

No hay tecnología que me permita comunicarme contigo.

Había algo que me recordaba a ti. Una reliquia.

 

Te necesitaba. Como tonta me alejé de ti.

Pero tú estabas a mi lado.

Te sentí, pero no creí que fuera cierto.

Algo tibio rozó mi corazón y sentí algo que me conmovió.

Mis lágrimas brotaron desde el fondo de mi alma.

Necesitaba la reconciliación.

 

Te necesitaba, y dormí abrazada a tu regalo. La Palabra que nos has dado.

Mi sueño se llenó de paz.

No te vi, pero mi corazón se libró del hielo que lo cubría.

El calor quería llenarme, poco a poco.

 

Te necesitaba, y descubrí que me necesitabas también.

Me querías, y ese amor aprendí a entender.

Te busqué. La ceguera que tenía se esfumó. Veo claro el camino.

El camino que me lleva a ti.

 

Te necesitaba… Me abrazaste…

 

Te necesitaba, y sentí tu mano que me guiaba.

Me abrazaste, y en esta ocasión te sentí con claridad.

Derrumbaste los muros que me cubrían.

 

Te quiero. Sabes que es así.

Mi alma es tuya. Siempre lo ha sido.

Nunca me exigiste una muestra de amor, pero lo diste todo por mí.

 

Ahora es mi turno. Te ofrezco lo que soy.

Ha llegado mi hora. Te alabaré.

Te glorificaré por siempre, Amor de amores.

Cupido fantasma

No pensé verte por un buen tiempo. No después de la pelea que causó nuestra separación. Por eso decidí irme. Me subí al primer avión que salía. No me fijé en el destino. Sólo me quise ir. Así fue como me encontré en tierras ajenas.

Salí de excursión hacia algún poblado muy lejos de la ciudad, prácticamente en la selva. Pensaba en esa inmaculada cama de hotel tan suave y pulcra que me esperaba a mi regreso cuando un terremoto inició. Varios de los edificios a mi alrededor se desplomaron, las comunicaciones se cortaron. Los que sobrevivimos tratamos de rescatar al puñado de gente que se encontraba bajo las ruinas. Todo antes que llegara la ayuda.

Pasaron dos días, y nadie llegaba.

Encontré una casa aún más lejana, en una montaña. En ella vivía un hombre ya anciano quien no quiso dejar su inestable casa. Son los recuerdos, me dijo, eso no lo pienso abandonar así sin más.

Guardaba en varias jaulas especies exóticas. Muchas debían ser de dudosa procedencia. Por qué no las liberó, me pregunté. Así no tendría qué cuidar...

Sin previo aviso, me dio agua y comida. Me indicó de un pozo unos metros tras su casa de donde podía coger agua para asearme. Así hice. Me dio un lugar donde dormir. Un colchón cerca a la ventana del segundo piso. Y me quedé ahí hasta que pudiera sacar al señor. No quería dejarlo solo.

Unos días pasaron, y llegaste en la misión de rescate. No pensé que estuvieras entre los voluntarios. Te afanaste en aquella ardua y peligrosa misión y el destino hizo que te enviaran a los poblados más lejanos, donde nos habían olvidado. Llegaste al pueblo y te hablaron del viejo solitario de la montaña y una joven mujer que fue a rescatarle y no había regresado. Tal fue tu instinto que fuiste y me encontraste. Estaba dormida, caía la tarde. Tú estabas cansado después de tanto caminar. Cómo te dejaron ir solo, no lo sé. El señor te atendió como a mí y te dijo para que durmieras a mi lado.

En mis sueños te veía conmigo, velando mis sueños y cuidándome, por eso sonreía. Grande fue mi sorpresa cuando, al despertar, te vi a mi lado. Me abrazabas y mi cabeza reposaba sobre tu pecho. Si estuve enojada, lo olvidé. Tenerte a mi lado en la adversidad superaba todas mis expectativas.

Recuerdo, de alguna manera, el rostro alegre del fantasma. Había fallecido el día de mi llegada. Nunca revisé más allá del patio de la casa. Allá, en el bosque, estaba sepultado este cupido añejo, en medio de árboles caídos y hojas muertas. Él nos unió en medio del cataclismo y el dolor. Al levantarnos, se abrieron las jaulas; las aves, como entendiendo la partida de este mundo de su celoso cuidador, se liberaron de su encierro.

Con ellas, volamos nosotros.